El Papa Benedicto XVI resalta –en un mensaje dado a conocer hoy por L Osservatore Romano– que ante un mundo que con cada vez más frecuencia se presenta «vacío» y sin sentido, Dios es esencial para la vida del hombre pues constituye la esperanza cierta en el camino de toda persona.
En un texto enviado al Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), Cardenal Angelo Bagnasco, en ocasión del Congreso que se realiza entre el 10 y el 12 de diciembre en Roma del Comité para el proyecto cultural de la CEI titulado «Dios hoy: con Él o sin Él todo cambia», el Santo Padre indica que «la cuestión de Dios es central también para nuestra época, en la que con frecuencia se tiende a reducir al hombre a una sola dimensión, la «horizontal», considerando como irrelevante para su vida la apertura a lo Trascendente».
«En vez de eso –prosigue el Papa en el mensaje fechado el 7 de diciembre– la relación con Dios es esencial para el camino de la humanidad, y, como he podido afirmar varias veces, la Iglesia y todo cristiano tienen la tarea de hacer a Dios presente en este mundo, de buscar abrir a los hombres el acceso a Dios».
En este congreso, explica el Santo Padre, se tratará «el lugar que ocupa Dios en la cultura y la vida de nuestro tiempo» así como su irrupción en la historia del hombre, cuando se encarnó en Jesucristo.
«Se quiere dar luces sobre la importancia esencial que Dios tiene para nosotros, para nuestra vida personal y social, para la comprensión de nosotros mismos y del mundo, para la esperanza que ilumina nuestro camino, para la salvación que nos espera más allá de la muerte».
Benedicto XVI destaca también que «en una situación cultural y espiritual como la que estamos viviendo, en donde crece la tendencia a relegar a Dios a la esfera de la vida privada, a considerarlo como irrelevante y superfluo, o a refutarlo explícitamente, auspicio de corazón que este evento pueda contribuir al menos a dilucidar esta penumbra que hace precaria y temerosa para el hombre de nuestro tiempo la apertura a Dios, aunque Él no deje nunca de tocar a nuestra puerta».
Las experiencias del pasado, continua el Papa, «no tan lejano a nosotros, enseñan que cuando Dios desaparece del horizonte del hombre, la humanidad pierda la orientación y se arriesga en camino hacia la destrucción de sí misma».
La fe en Dios, concluye el Santo Padre, «abre al hombre al horizonte de una esperanza cierta, que no desaparece, indica un sólido fundamento sobre el cual uno puede apoyar sin temor la vida, exige abandonarse con confianza en las manos del Amor que sostiene el mundo».
aciprensa.com
Sunday, December 13, 2009
Friday, December 11, 2009
La sabiduría de la inocencia
Cada niño que nace en el mundo es una señal inequívoca de que Dios mantiene la esperanza en los hombres… La virtud de saber transmitir a los niños nuestra experiencia es proporcional a nuestra disposición para aprender de su inocencia… ¡Qué atractiva, y a la vez, qué sorprendente nos resulta la sencillez de los niños! ¡Y qué vileza tan grande el tomar excusa de su educación para violentar la inocencia de los pequeños! Nuestra cultura necesita urgentemente de los niños, porque pocas cosas hay tan falsas como una alegría sin inocencia…
Con frecuencia, los adultos no somos felices a causa de nuestra excesiva complejidad. Necesitamos de la inocencia de los niños para conocernos a nosotros mismos e incluso para llegar a conocer a Dios. Como decía San Bernardo: «El desconocimiento propio genera soberbia; pero el desconocimiento de Dios genera desesperación». Los niños son un buen espejo del Corazón de Dios, así como del corazón del hombre.
Me venían a la cabeza todos estos pensamientos, después de leer un powerpoint que llegaba a la «Bandeja de entrada» de mi correo electrónico. (En medio de tantas frivolidades como circulan por Internet, solemos recibir también algunas perlas, de esas que ensanchan nuestro corazón y elevan nuestros horizontes). Se trataba de una conocida colección de cartas dirigidas a Jesús, que un profesor italiano había recogido de sus alumnos de primaria. La forma de expresarse de estos niños destila sinceridad y pureza. Con ingenuidad y simpatía, nos aportan una dimensión más auténtica y profunda de la realidad.
Desde hace años circulando por la red
¡Benditos sean esos maestros que llevan a los niños a descubrir en Jesucristo, a su mejor amigo! ¡Benditos sean esos niños que, en su inocencia, nos enseñan a los mayores a descubrir la sabiduría de la vida!
Ojos puros para reconocer la belleza: «Querido Niño Jesús: Yo creía que el naranja no pegaba con el morado. Pero luego he visto el atardecer que hiciste el martes. ¡Es genial!» (Eugenio).
Intuición para descubrir la fuente de la sabiduría: «Querido Jesús: Hemos estudiado que Tomás Edison descubrió la luz. Pero en la catequesis dicen que fuiste tú. Yo creo que te robó la idea». (Daria).
Ser niño para bucear en el Corazón de Dios: «Querido Niño Jesús: Seguro que para ti es dificilísimo querer a todos en todo el mundo. En mi familia sólo somos cuatro y yo no lo consigo». (Violeta).
Inocencia que cuestiona nuestros fundamentos: «Querido Jesús: ¿El Padre Mario es amigo tuyo, o sólo es un compañero del trabajo?» (Antonio).
La coherencia de los sencillos: «Querido Jesús: Ya no me he vuelto a sentir sola desde que he descubierto que existes». (Nora).
La gratuidad de la amistad: «Querido Jesús: No creo que pueda haber un Dios mejor que tú. Bueno, quería que lo supieras… Pero no creas que te lo digo porque eres Dios, ¿eh?» (Valerio).
Afortunadamente, la iniciativa social ha conseguido que en España se comience a abordar el debate en torno a la cultura de la vida frente a la cultura de la muerte. Los cristianos podemos y debemos contribuir con nuestro mensaje de fe en la vida, acompañado del compromiso solidario en las situaciones más difíciles. No en vano la «causa de la vida» es la «causa de Jesús». Él no sólo nos invitó a amar a los niños, sino también a aprender de ellos: «Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: `Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él´. Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos» (Mc 10, 14-16) (…).
José Ignacio Munilla
fluvium.org
Con frecuencia, los adultos no somos felices a causa de nuestra excesiva complejidad. Necesitamos de la inocencia de los niños para conocernos a nosotros mismos e incluso para llegar a conocer a Dios. Como decía San Bernardo: «El desconocimiento propio genera soberbia; pero el desconocimiento de Dios genera desesperación». Los niños son un buen espejo del Corazón de Dios, así como del corazón del hombre.
Me venían a la cabeza todos estos pensamientos, después de leer un powerpoint que llegaba a la «Bandeja de entrada» de mi correo electrónico. (En medio de tantas frivolidades como circulan por Internet, solemos recibir también algunas perlas, de esas que ensanchan nuestro corazón y elevan nuestros horizontes). Se trataba de una conocida colección de cartas dirigidas a Jesús, que un profesor italiano había recogido de sus alumnos de primaria. La forma de expresarse de estos niños destila sinceridad y pureza. Con ingenuidad y simpatía, nos aportan una dimensión más auténtica y profunda de la realidad.
Desde hace años circulando por la red
¡Benditos sean esos maestros que llevan a los niños a descubrir en Jesucristo, a su mejor amigo! ¡Benditos sean esos niños que, en su inocencia, nos enseñan a los mayores a descubrir la sabiduría de la vida!
Ojos puros para reconocer la belleza: «Querido Niño Jesús: Yo creía que el naranja no pegaba con el morado. Pero luego he visto el atardecer que hiciste el martes. ¡Es genial!» (Eugenio).
Intuición para descubrir la fuente de la sabiduría: «Querido Jesús: Hemos estudiado que Tomás Edison descubrió la luz. Pero en la catequesis dicen que fuiste tú. Yo creo que te robó la idea». (Daria).
Ser niño para bucear en el Corazón de Dios: «Querido Niño Jesús: Seguro que para ti es dificilísimo querer a todos en todo el mundo. En mi familia sólo somos cuatro y yo no lo consigo». (Violeta).
Inocencia que cuestiona nuestros fundamentos: «Querido Jesús: ¿El Padre Mario es amigo tuyo, o sólo es un compañero del trabajo?» (Antonio).
La coherencia de los sencillos: «Querido Jesús: Ya no me he vuelto a sentir sola desde que he descubierto que existes». (Nora).
La gratuidad de la amistad: «Querido Jesús: No creo que pueda haber un Dios mejor que tú. Bueno, quería que lo supieras… Pero no creas que te lo digo porque eres Dios, ¿eh?» (Valerio).
Afortunadamente, la iniciativa social ha conseguido que en España se comience a abordar el debate en torno a la cultura de la vida frente a la cultura de la muerte. Los cristianos podemos y debemos contribuir con nuestro mensaje de fe en la vida, acompañado del compromiso solidario en las situaciones más difíciles. No en vano la «causa de la vida» es la «causa de Jesús». Él no sólo nos invitó a amar a los niños, sino también a aprender de ellos: «Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: `Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él´. Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos» (Mc 10, 14-16) (…).
José Ignacio Munilla
fluvium.org
Despertad: Dios sigue llegando
Los cristianos comienzan el año antes que los demás, como si quisieran adelantarse para anunciar algo grande; aunque en realidad es Dios, el creador del tiempo, quien señala sus etapas. Litúrgicamente, el año cristiano se inicia en el Adviento. Empezamos a prepararnos siempre de nuevo, como si fuera la primera vez y al mismo tiempo la última vez que viene el Hijo de Dios al mundo. Y no es «como si fuera», sino que así «es». Porque Dios sigue llegando como el amor-nuevo por vez primera. Llega en el «hoy» de su eternidad, que se entrecruza con nuestro «hoy», cada vez que recomenzamos a estar más cerca de él.Esto sucede en una conversión, en una confesión, en un «quitarse los miedos, dejarlos afuera», como dice la canción. Esto acontece sobre todo en la Eucaristía. Dios sigue llegando como el amor-juez al final de la vida de cada persona; y también, para todos los pueblos, al final de la historia.
Dios sigue llegando tras una larga espera de siglos, tras los oscuros signos presentes en las otras religiones, sobre todo tras la preparación más inmediata de la Alianza con Israel. En su libro «el Misterio del Adviento», Daniélou afirma: «El cristianismo es la eterna juventud del mundo». Benedicto XVI señalaba al principio de su pontificado que la Iglesia tiene y transmite la juventud de Cristo, que es «eternamente joven». En efecto, el acontecimiento de Cristo vence a la muerte desde dentro de ella misma, metiéndose en la muerte para matarla definitivamente y abrirnos –ya ahora– a la Vida que no muere.
Con Cristo llega la «plenitud de los tiempos». Con Cristo –escribía Juan Pablo II en su carta sobre la llegada del Tercer milenio– «la eternidad ha entrado en el tiempo». Es verdad. El que está con Cristo ya no puede envejecer. Su cuerpo se desgastará naturalmente, pero su espíritu es eternamente joven, con la juventud de Dios. Y esto, hasta el punto de que esa Juventud lo resucitará de entre los muertos para esa Vida que nunca morirá.
Hoy se cree más fácilmente en la reencarnación que en la resurrección. Según Juan Pablo II, esto manifiesta que «el hombre no quiere resignarse a una muerte irrevocable. Está convencido de su propia naturaleza esencialmente espiritual e inmortal». Y sin embargo, lo grande no es que uno pueda tener muchas vidas; al fin y al cabo esto le quita responsabilidad. Sino que hasta el hecho más pequeño se puede transformar por el amor, de una vez por todas, en eterno: en algo que no pasa, que entra en el «hoy» de Dios. Por eso decía Gustave Thibon: «Todo lo que no es eternidad recuperada, es tiempo perdido».
La historia entera es –por utilizar la metáfora de Daniélou– el tiempo que tenemos para madurar un racimo que es precisamente la ciudad de Dios. Esto lo aplica Daniélou a las religiones paganas e incluso a la religión judía –están llamadas a abrirse al «vino nuevo» del cristianismo–, y también a las personas. Es necesario que cada uno se abra al «vino nuevo de la gracia» que hace «estallar continuamente los odres viejos», porque nos lleva a «salir de nosotros mismos –nosotros nos situamos continuamente en una especie de conformismo– y avanzar hacia una nueva etapa».
Por eso hay que despertar. Renunciar al repliegue sobre uno mismo, sobre el propio envejecimiento. Sólo hay dos caminos: o la vida hacia uno mismo, que conduce hacia el morir; o el camino hacia la vida de Dios que lleva al crecimiento, a la «plenitud del tiempo».
Es esa vida de Dios que grita ahora como una madre, como una enamorada, al alma que se resiste a despertar. Está llegando el día para ti, oh alma llamada por Dios, está llegando el día para ti, oh mundo en sombras; está llegando el día para ti, oh conjunto de los cristianos que debéis dar ante el mundo el testimonio de vuestra unidad; está llegando, oh cristiano, el tiempo de tu coherencia; está llegando, oh tú, quien quiera que seas, la ocasión para pedir perdón y recomenzar.
En esta línea, Gertrud von Le Fort, en sus «Himnos a la Iglesia», se imagina que ésta le dice al alma: «Quiero encender luces, oh alma; quiero encender alegría en todos los confines de tu humanidad»; y zarandea al alma humana –a la de cada uno de nosotros que debe despertar en el Adviento y abrirse a Dios siempre de nuevo– evocando a María: «¡Yo te saludo, oh tú que llevas al Señor en tu vientre! »
Ramiro Pelletero.
Dios sigue llegando tras una larga espera de siglos, tras los oscuros signos presentes en las otras religiones, sobre todo tras la preparación más inmediata de la Alianza con Israel. En su libro «el Misterio del Adviento», Daniélou afirma: «El cristianismo es la eterna juventud del mundo». Benedicto XVI señalaba al principio de su pontificado que la Iglesia tiene y transmite la juventud de Cristo, que es «eternamente joven». En efecto, el acontecimiento de Cristo vence a la muerte desde dentro de ella misma, metiéndose en la muerte para matarla definitivamente y abrirnos –ya ahora– a la Vida que no muere.
Con Cristo llega la «plenitud de los tiempos». Con Cristo –escribía Juan Pablo II en su carta sobre la llegada del Tercer milenio– «la eternidad ha entrado en el tiempo». Es verdad. El que está con Cristo ya no puede envejecer. Su cuerpo se desgastará naturalmente, pero su espíritu es eternamente joven, con la juventud de Dios. Y esto, hasta el punto de que esa Juventud lo resucitará de entre los muertos para esa Vida que nunca morirá.
Hoy se cree más fácilmente en la reencarnación que en la resurrección. Según Juan Pablo II, esto manifiesta que «el hombre no quiere resignarse a una muerte irrevocable. Está convencido de su propia naturaleza esencialmente espiritual e inmortal». Y sin embargo, lo grande no es que uno pueda tener muchas vidas; al fin y al cabo esto le quita responsabilidad. Sino que hasta el hecho más pequeño se puede transformar por el amor, de una vez por todas, en eterno: en algo que no pasa, que entra en el «hoy» de Dios. Por eso decía Gustave Thibon: «Todo lo que no es eternidad recuperada, es tiempo perdido».
La historia entera es –por utilizar la metáfora de Daniélou– el tiempo que tenemos para madurar un racimo que es precisamente la ciudad de Dios. Esto lo aplica Daniélou a las religiones paganas e incluso a la religión judía –están llamadas a abrirse al «vino nuevo» del cristianismo–, y también a las personas. Es necesario que cada uno se abra al «vino nuevo de la gracia» que hace «estallar continuamente los odres viejos», porque nos lleva a «salir de nosotros mismos –nosotros nos situamos continuamente en una especie de conformismo– y avanzar hacia una nueva etapa».
Por eso hay que despertar. Renunciar al repliegue sobre uno mismo, sobre el propio envejecimiento. Sólo hay dos caminos: o la vida hacia uno mismo, que conduce hacia el morir; o el camino hacia la vida de Dios que lleva al crecimiento, a la «plenitud del tiempo».
Es esa vida de Dios que grita ahora como una madre, como una enamorada, al alma que se resiste a despertar. Está llegando el día para ti, oh alma llamada por Dios, está llegando el día para ti, oh mundo en sombras; está llegando el día para ti, oh conjunto de los cristianos que debéis dar ante el mundo el testimonio de vuestra unidad; está llegando, oh cristiano, el tiempo de tu coherencia; está llegando, oh tú, quien quiera que seas, la ocasión para pedir perdón y recomenzar.
En esta línea, Gertrud von Le Fort, en sus «Himnos a la Iglesia», se imagina que ésta le dice al alma: «Quiero encender luces, oh alma; quiero encender alegría en todos los confines de tu humanidad»; y zarandea al alma humana –a la de cada uno de nosotros que debe despertar en el Adviento y abrirse a Dios siempre de nuevo– evocando a María: «¡Yo te saludo, oh tú que llevas al Señor en tu vientre! »
Ramiro Pelletero.
Wednesday, December 9, 2009
Los niños, primeros perjudicados por la ley de adopción de homosexuales
ENTREVISTA A GUSTAVO ORDOQUI CASTILLA
Presidente del Instituto Arquidiocesano de Bioética Juan Pablo II en Montevideo, doctor en Derecho de la Universidad Católica del Uruguay, instituto del cual es también docente.
Uruguay ha sido el primer país de América Latina en dar vía libre la ley de adopción por parte de parejas de homosexuales, aprobada el pasado 9 de septiembre, después de que en 2007 fueran legalizadas también las uniones entre parejas del mismo sexo.
La ley, que según todas las encuestas cuenta con el rechazo de la gran mayoría de uruguayos, es denominada Modificaciones al Código de la niñez y adolescencia referidas a la adopción.
--¿Cómo ha acogido la sociedad uruguaya esta medida?
Con gran preocupación por diversas razones. En primer lugar, porque no ha sido en nada representativa la decisión del Parlamento de lo que es la opinión de la gran mayoría de la población.
En segundo lugar, porque es muy claro que no se ha priorizado en «interés superior del niño». A ello nos hemos obligado en Tratados, Convenidos Internacionales..., pero luego todo esto se olvida y se prioriza el interés de unos pocos con la gravedad que aquí los perjudicados notoriamente son los menores, los más indefensos, que terminan siendo «instrumentalizados o cosificados» para beneficiar a unos pocos.
--¿Ha habido pronunciamientos en contra de parte de la sociedad civil?
Todas las encuestas realizadas, y fueron varias, marcaban que sólo un 20 por ciento de la población estaría de acuerdo con el proyecto. Ello no obstante, la mayoría parlamentaria, sin representar la voluntad de la Nación, ha sido influenciada por algunas minorías y lograron controlar el tema dentro de su partido, obteniendo el voto de la mayoría.
--Cuando esta ley tenga ya varios años en curso, ¿cuáles cree que pueden ser las consecuencias para el crecimiento de los niños que sean adoptados por los homosexuales?
Este no es un tema de médicos, abogados o de religión sino de naturaleza humana. Todo niño necesita así como alimentarse, o educarse, tener el referente de lo que es su padre o su madre como algo necesario para su propio ser. Si permitimos que esto no ocurra o lo fomentamos, estamos atacando su propia naturaleza y esto es muy grave.
--¿Qué confusión podría traer esta medida para los otros niños, hijos de parejas heterosexuales, el saber que sus amigos provienen de estas familias?
Aquí los daños son probados y muy graves. La convivencia entre niños provenientes de hogares donde hay «dos mamás» o «dos papás» es naturalmente resistida por sus compañeros y todo ello se torna en perjuicio aun mayor para el adoptado.
--Sin embargo los defensores de esta ley tildan de «homófobos» o discriminadores a sus opositores...
Aquí no hay discriminación, pues discriminar es «tratar igual a los desiguales o desigual a los iguales».
Los homosexuales, ellos mismos, se han diferenciado al cerrarse naturalmente a la vida y no pueden quejarse luego cuando se les dice que no están en condiciones de poder tener un niño.
No hay discriminación cuando la distinción es justificada.
Por ejemplo, yo no puedo decir que me discriminan porque no puedo actuar como policía si no estoy siquiera preparado para ello. Cuando se me dice que no puedo ser policía, no se me discrimina pues está justificado.
--¿Por qué cree que Uruguay ha sido el país «pionero» en América Latina en aceptar esta ley?
Somos gobernados por un sistema socialista que se ha caracterizado por aprobar leyes atentatorias contra la dignidad de la persona y la familia.
Por Carmen Elena Villa
sontushijos.org
Presidente del Instituto Arquidiocesano de Bioética Juan Pablo II en Montevideo, doctor en Derecho de la Universidad Católica del Uruguay, instituto del cual es también docente.
Uruguay ha sido el primer país de América Latina en dar vía libre la ley de adopción por parte de parejas de homosexuales, aprobada el pasado 9 de septiembre, después de que en 2007 fueran legalizadas también las uniones entre parejas del mismo sexo.
La ley, que según todas las encuestas cuenta con el rechazo de la gran mayoría de uruguayos, es denominada Modificaciones al Código de la niñez y adolescencia referidas a la adopción.
--¿Cómo ha acogido la sociedad uruguaya esta medida?
Con gran preocupación por diversas razones. En primer lugar, porque no ha sido en nada representativa la decisión del Parlamento de lo que es la opinión de la gran mayoría de la población.
En segundo lugar, porque es muy claro que no se ha priorizado en «interés superior del niño». A ello nos hemos obligado en Tratados, Convenidos Internacionales..., pero luego todo esto se olvida y se prioriza el interés de unos pocos con la gravedad que aquí los perjudicados notoriamente son los menores, los más indefensos, que terminan siendo «instrumentalizados o cosificados» para beneficiar a unos pocos.
--¿Ha habido pronunciamientos en contra de parte de la sociedad civil?
Todas las encuestas realizadas, y fueron varias, marcaban que sólo un 20 por ciento de la población estaría de acuerdo con el proyecto. Ello no obstante, la mayoría parlamentaria, sin representar la voluntad de la Nación, ha sido influenciada por algunas minorías y lograron controlar el tema dentro de su partido, obteniendo el voto de la mayoría.
--Cuando esta ley tenga ya varios años en curso, ¿cuáles cree que pueden ser las consecuencias para el crecimiento de los niños que sean adoptados por los homosexuales?
Este no es un tema de médicos, abogados o de religión sino de naturaleza humana. Todo niño necesita así como alimentarse, o educarse, tener el referente de lo que es su padre o su madre como algo necesario para su propio ser. Si permitimos que esto no ocurra o lo fomentamos, estamos atacando su propia naturaleza y esto es muy grave.
--¿Qué confusión podría traer esta medida para los otros niños, hijos de parejas heterosexuales, el saber que sus amigos provienen de estas familias?
Aquí los daños son probados y muy graves. La convivencia entre niños provenientes de hogares donde hay «dos mamás» o «dos papás» es naturalmente resistida por sus compañeros y todo ello se torna en perjuicio aun mayor para el adoptado.
--Sin embargo los defensores de esta ley tildan de «homófobos» o discriminadores a sus opositores...
Aquí no hay discriminación, pues discriminar es «tratar igual a los desiguales o desigual a los iguales».
Los homosexuales, ellos mismos, se han diferenciado al cerrarse naturalmente a la vida y no pueden quejarse luego cuando se les dice que no están en condiciones de poder tener un niño.
No hay discriminación cuando la distinción es justificada.
Por ejemplo, yo no puedo decir que me discriminan porque no puedo actuar como policía si no estoy siquiera preparado para ello. Cuando se me dice que no puedo ser policía, no se me discrimina pues está justificado.
--¿Por qué cree que Uruguay ha sido el país «pionero» en América Latina en aceptar esta ley?
Somos gobernados por un sistema socialista que se ha caracterizado por aprobar leyes atentatorias contra la dignidad de la persona y la familia.
Por Carmen Elena Villa
sontushijos.org
Tuesday, December 8, 2009
Obispo de Guadalajara: «¿El Gobierno no tiene otra cosa de que ocuparse en la escuela?»
El Obispo de Sigüenza-Guadalajara, Mons. José Sánchez, se preguntó este lunes, ante la polémica de la retirada de los crucifijos de los centros escolares, si el Gobierno «no tiene otra cosa de que ocuparse en la escuela, con el altísimo fracaso escolar, el desánimo de los educadores, el paro juvenil que de quitar los crucifijos», apostillando que «además, tampoco quedan ya tantos».
De este modo se pronunció en una carta pastoral que recoge Europa Press, sobre la proposición no de ley aprobada en la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados, que insta al Gobierno a aplicar en las aulas en España la jurisprudencia de dicho Tribunal Europeo de Derechos Humanos, medida que según el Obispo «de momento, está aparcada; sólo aparcada».
«No entro en si se trata de una operación de distracción de nuestro Gobierno, abrumado por la gravísima situación económica y de paro y a punto de aprobar una ley –la de la ampliación del aborto libre– mucho más grave que el asunto de los crucifijos, porque eleva a derecho la eliminación seres humanos inocentes e indefensos con más amplitud que la actual, ya de por sí injusta», dijo.
A su juicio, la cuestión es que el Gobierno y el Partido que lo sustenta, más otros que lo apoyan, con la aprobación de esa proposición sobre el crucifijo, «ha dado una señal, una más, que forma parte de un proyecto más ambicioso: reducir la acción de la religión, más en concreto la de la Iglesia Católica, a los templos y, si me apuran, a las sacristías».
«Olvidan que la libertad de expresión, de asociación, de reunión, de manifestación y de religión, son derechos humanos fundamentales, que la Iglesia, como toda otra religión o creencia, ejerce en el ámbito privado y en el público», apuntó el Obispo en su carta pastoral.
«Injerencia en el ámbito público por parte de la Iglesia sería, si pretendiera legislar, juzgar o gobernar en el foro civil- Parlamento, poder judicial o Gobierno», defendió Mons. José Sánchez, que agregó que la Iglesia «no pretende imponer sus creencias, sus prácticas o sus símbolos. Respeta los de los demás y tiene derecho a que se respeten los suyos. También en la escuela».
«El Estado es aconfesional y el Gobierno será laico, laicista, aconfesional o lo que sea; pero los ciudadanos, en libertad, son como son: muchos de ellos, creyentes, con sus derechos, que el Estado tiene obligación de respetar, defender, proteger y posibilitar su ejercicio, nunca impedir, prohibir o dificultar», defendió.
aciprensa.com
De este modo se pronunció en una carta pastoral que recoge Europa Press, sobre la proposición no de ley aprobada en la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados, que insta al Gobierno a aplicar en las aulas en España la jurisprudencia de dicho Tribunal Europeo de Derechos Humanos, medida que según el Obispo «de momento, está aparcada; sólo aparcada».
«No entro en si se trata de una operación de distracción de nuestro Gobierno, abrumado por la gravísima situación económica y de paro y a punto de aprobar una ley –la de la ampliación del aborto libre– mucho más grave que el asunto de los crucifijos, porque eleva a derecho la eliminación seres humanos inocentes e indefensos con más amplitud que la actual, ya de por sí injusta», dijo.
A su juicio, la cuestión es que el Gobierno y el Partido que lo sustenta, más otros que lo apoyan, con la aprobación de esa proposición sobre el crucifijo, «ha dado una señal, una más, que forma parte de un proyecto más ambicioso: reducir la acción de la religión, más en concreto la de la Iglesia Católica, a los templos y, si me apuran, a las sacristías».
«Olvidan que la libertad de expresión, de asociación, de reunión, de manifestación y de religión, son derechos humanos fundamentales, que la Iglesia, como toda otra religión o creencia, ejerce en el ámbito privado y en el público», apuntó el Obispo en su carta pastoral.
«Injerencia en el ámbito público por parte de la Iglesia sería, si pretendiera legislar, juzgar o gobernar en el foro civil- Parlamento, poder judicial o Gobierno», defendió Mons. José Sánchez, que agregó que la Iglesia «no pretende imponer sus creencias, sus prácticas o sus símbolos. Respeta los de los demás y tiene derecho a que se respeten los suyos. También en la escuela».
«El Estado es aconfesional y el Gobierno será laico, laicista, aconfesional o lo que sea; pero los ciudadanos, en libertad, son como son: muchos de ellos, creyentes, con sus derechos, que el Estado tiene obligación de respetar, defender, proteger y posibilitar su ejercicio, nunca impedir, prohibir o dificultar», defendió.
aciprensa.com
María es la estrella
Al presidir el rezo del Ángelus hoy martes 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, el Papa Benedicto XVI resaltó que ella es verdaderamente Madre de la Iglesia y es además "la estrella para orientarse y caminar en la ruta indicada por Cristo".
Ante miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre explicó los pasajes bíblicos de la liturgia de hoy, en los que "luego del pecado original, Dios se dirige a la serpiente, que representa a Satanás, lo maldice y le hace una promesa: ‘pondré enemistad entre ti y la serpiente, entre su estirpe y la suya: ella te aplastará la cabeza y tu acecharás su calcañar’. Es el anuncio de una victoria: Satanás en los inicios de la creación parece estar mejor, pero habrá un hijo de mujer que le aplastará la cabeza. Así, mediante la estirpe de la mujer, Dios mismo vencerá".
Esa mujer, continuó el Papa, "es la Virgen María, de la cual ha nacido Jesucristo que, con su sacrificio, ha vencido una vez y para siempre al antiguo tentador. Por ello, en tantas imágenes o estatuas de la Inmaculada, Ella está representada en el acto de aplastar a una serpiente con sus pies".
El Santo Padre resaltó luego que en María, "la humilde y auténtica hija de Israel, verdadera Sión en donde Dios quiere poner su morada", se puede ver la obediencia; que la distingue de Adán y Eva, pues "permanece obediente a la voluntad del Señor, ya que toda ella pronuncia un ‘sí’ y se pone plenamente a disposición del divino designio. Es la nueva Eva, verdadera ‘madre de todos los vivientes’, de cuantos por la fe de Cristo reciben la vida eterna".
"¡Queridos amigos, qué alegría inmensa tener como Madre a María Inmaculada! Cada vez que experimentamos nuestra fragilidad y las sugestiones del mal, podemos dirigirnos a Ella. Y nuestro corazón recibe luz y consuelo. También en las pruebas de la vida, en las tempestades que hacen vacilar la fe y la esperanza, pensemos que somos hijos suyos y que las raíces de nuestra existencia van a lo profundo en la infinita gracia de Dios".
Seguidamente Benedicto XVI explicó que "la Iglesia misma, aún expuesta a los influjos negativos del mundo, encuentra en Ella la estrella para orientarse y seguir la ruta que le indica Cristo. María es en efecto la Madre de la Iglesia, como han proclamado solemnemente el Papa Pablo VI y el Concilio Vaticano II".
Por lo tanto, continuó, "mientras rendimos gracias a Dios por este signo estupendo de su bondad, encomendemos a la Virgen Inmaculada a cada uno de nosotros, nuestras familias y las comunidades, a toda la Iglesia y al mundo entero. Lo haré yo también esta tarde, según la tradición, a los pies del monumento dedicado a Ella, en la Plaza de España".
Tras saludar a los miembros de la Pontificia Academia de la Inmaculada, liderada por el Cardenal Andrea Maria Deskur, el Papa se dirigió a los presentes en la Plaza de San Pedro en diversos idiomas. En español el Papa recordó que "la Iglesia celebra hoy la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María Santísima, tan arraigada en España y en los países latinoamericanos".
"La Purísima, como es denominada la Virgen en la liturgia de este día, fue preservada de toda mancha de pecado para ser digna morada del Cordero Inocente, abogada de gracia y ejemplo de santidad".
"Que el Señor nos conceda el don, por intercesión de la ‘llena de gracia’, de purificarnos interiormente en este tiempo de Adviento para acoger con prontitud la venida de Cristo a nuestras vidas. Muchas gracias", concluyó...
aciprensa.com
Ante miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre explicó los pasajes bíblicos de la liturgia de hoy, en los que "luego del pecado original, Dios se dirige a la serpiente, que representa a Satanás, lo maldice y le hace una promesa: ‘pondré enemistad entre ti y la serpiente, entre su estirpe y la suya: ella te aplastará la cabeza y tu acecharás su calcañar’. Es el anuncio de una victoria: Satanás en los inicios de la creación parece estar mejor, pero habrá un hijo de mujer que le aplastará la cabeza. Así, mediante la estirpe de la mujer, Dios mismo vencerá".
Esa mujer, continuó el Papa, "es la Virgen María, de la cual ha nacido Jesucristo que, con su sacrificio, ha vencido una vez y para siempre al antiguo tentador. Por ello, en tantas imágenes o estatuas de la Inmaculada, Ella está representada en el acto de aplastar a una serpiente con sus pies".
El Santo Padre resaltó luego que en María, "la humilde y auténtica hija de Israel, verdadera Sión en donde Dios quiere poner su morada", se puede ver la obediencia; que la distingue de Adán y Eva, pues "permanece obediente a la voluntad del Señor, ya que toda ella pronuncia un ‘sí’ y se pone plenamente a disposición del divino designio. Es la nueva Eva, verdadera ‘madre de todos los vivientes’, de cuantos por la fe de Cristo reciben la vida eterna".
"¡Queridos amigos, qué alegría inmensa tener como Madre a María Inmaculada! Cada vez que experimentamos nuestra fragilidad y las sugestiones del mal, podemos dirigirnos a Ella. Y nuestro corazón recibe luz y consuelo. También en las pruebas de la vida, en las tempestades que hacen vacilar la fe y la esperanza, pensemos que somos hijos suyos y que las raíces de nuestra existencia van a lo profundo en la infinita gracia de Dios".
Seguidamente Benedicto XVI explicó que "la Iglesia misma, aún expuesta a los influjos negativos del mundo, encuentra en Ella la estrella para orientarse y seguir la ruta que le indica Cristo. María es en efecto la Madre de la Iglesia, como han proclamado solemnemente el Papa Pablo VI y el Concilio Vaticano II".
Por lo tanto, continuó, "mientras rendimos gracias a Dios por este signo estupendo de su bondad, encomendemos a la Virgen Inmaculada a cada uno de nosotros, nuestras familias y las comunidades, a toda la Iglesia y al mundo entero. Lo haré yo también esta tarde, según la tradición, a los pies del monumento dedicado a Ella, en la Plaza de España".
Tras saludar a los miembros de la Pontificia Academia de la Inmaculada, liderada por el Cardenal Andrea Maria Deskur, el Papa se dirigió a los presentes en la Plaza de San Pedro en diversos idiomas. En español el Papa recordó que "la Iglesia celebra hoy la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María Santísima, tan arraigada en España y en los países latinoamericanos".
"La Purísima, como es denominada la Virgen en la liturgia de este día, fue preservada de toda mancha de pecado para ser digna morada del Cordero Inocente, abogada de gracia y ejemplo de santidad".
"Que el Señor nos conceda el don, por intercesión de la ‘llena de gracia’, de purificarnos interiormente en este tiempo de Adviento para acoger con prontitud la venida de Cristo a nuestras vidas. Muchas gracias", concluyó...
aciprensa.com
Monday, December 7, 2009
Inmaculada Concepción de María

Fiesta: 8 de Diciembre
La inmaculada concepción de María es dogma de Fe: María fue concebida sin mancha de pecado original. Y María, siendo libre nunca optó por nada que la manchara o que la hiciera perder la gracia recibida.
María fue dotada con dones a la medida de su misión de ser madre de Dios.
A lo largo de los siglos, la Iglesia a tomado conciencia de que María "llena de Gracia" por Dios había sido redimida desde su concepción. El 8 de diciembre de 1854 el Papa Pió IX definía como dogma de Fe el gran privilegio de la Virgen:
" La doctrina que enseña que la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por su singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los meritos de Jesucristo, salvador del genero humano, es revelada por Dios y por lo mismo debe creerse firme y constantemente por todos los fieles"
Desde las primeras formulaciones de la Fe la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo.
La iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios.
iglesia.org
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