Thursday, August 6, 2009

10 consejos de Benedicto XVI a la gente joven

1) Dialogar con Dios

«Alguno de vosotros podría tal vez identificarse con la descripción que Edith Stein hizo de su propia adolescencia, ella, que vivió después en el Carmelo de Colonia: «Había perdido consciente y deliberadamente la costumbre de rezar». Durante estos días podréis recobrar la experiencia vibrante de la oración como diálogo con Dios, del que sabemos que nos ama y al que, a la vez, queremos amar».

2) Contarle las penas y alegrías

«Abrid vuestro corazón a Dios. Dejaos sorprender por Cristo. Dadle el «derecho a hablaros» durante estos días. Abrid las puertas de vuestra ibertad a su amor misericordioso. Presentad vuestras alegrías y vuestras penas a Cristo, dejando que él ilumine con su luz vuestra mente y toque con su gracia vuestro corazón.

3) No desconfiar de Cristo


«Queridos jóvenes, la felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Sólo él da plenitud de vida a la humanidad.
Decid, con María, vuestro «sí» al Dios que quiere entregarse a vosotros. Os repito hoy lo que dije al principio de mi pontificado: «Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren de par en par las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera».

Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en vosotros, sino que lleva todo a la perfección para la gloria de Dios, la felicidad de los hombres y la salvación del mundo».

4) Estar alegres: querer ser santos


«Más allá de las vocaciones de especial consagración, está la vocación propia de todo bautizado: también es esta una vocación a aquel «alto grado» de la vida cristiana ordinaria que se expresa en la santidad.
Cuando se encuentra a Jesús y se acoge su Evangelio, la vida cambia y uno es empujado a comunicar a los demás la propia experiencia (...). La Iglesia necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad. Os invito a que os esforcéis estos días por servir sin reservas a Cristo, cueste lo que cueste. El encuentro con Jesucristo os permitirá gustar interiormente la alegría de su presencia viva y vivificante, para testimoniarla después en vuestro entorno».

5) Dios: tema de conversación con los amigos

«Son tantos nuestros compañeros que todavía no conocen el amor de Dios, o buscan llenarse el corazón con sucedáneos insignificantes. Por lo tanto, es urgente ser testigos del amor contemplado en Cristo. Queridos jóvenes, la Iglesia necesita auténticos testigos para la nueva evangelización: hombres y mujeres cuya vida haya sido transformada por el encuentro con Jesús; hombres y mujeres capaces de comunicar esta experiencia a los demás».

6) El domingo, ir a Misa


No os dejéis disuadir de participar en la Eucaristía dominical y ayudad también a los demás a descubrirla. Ciertamente, para que de ella emane la alegría que necesitamos, debemos aprender a comprenderla cada vez más profundamente, debemos aprender a amarla. Comprometámonos a ello, ¡vale la pena!

Descubramos la íntima riqueza de la liturgia de la Iglesia y su verdadera grandeza: no somos nosotros los que hacemos fiesta para nosotros, sino que es, en cambio, el mismo Dios viviente el que prepara una fiesta para nosotros. Con el amor a la Eucaristía redescubriréis también el sacramento de la Reconciliación, en el cual la bondad misericordiosa de Dios permite siempre iniciar de nuevo nuestra vida.

7) Demostrar que Dios no es triste

Quien ha descubierto a Cristo debe llevar a otros hacia él. Una gran alegría no se puede guardar para uno mismo. Es necesario transmitirla. En numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que todo marche igualmente sin él. Pero al mismo tiempo existe también un sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos. Dan ganas de exclamar: ¡No es posible que la vida sea así! Verdaderamente no.

8) Conocer la fe

Ayudad a los hombres a descubrir la verdadera estrella que nos indica el camino: Jesucristo. Tratemos nosotros mismos de conocerlo cada vez mejor para poder guiar también, de modo convincente, a los demás hacia él. Por esto es tan importante el amor a la sagrada Escritura y, en consecuencia, conocer la fe de la Iglesia que nos muestra el sentido de la Escritura.

9) Ayudar: ser útil


Si pensamos y vivimos en virtud de la comunión con Cristo, entonces se nos abren los ojos. Entonces no nos adaptaremos más a seguir viviendo preocupados solamente por nosotros mismos, sino que veremos dónde y cómo somos necesarios. Viviendo y actuando así nos daremos cuenta bien pronto que es mucho más bello ser útiles y estar a disposición de los demás que preocuparse sólo de las comodidades que se nos ofrecen. Yo sé que vosotros como jóvenes aspiráis a cosas grandes, que queréis comprometeros por un mundo mejor. Demostrádselo a los hombres, demostrádselo al mundo, que espera exactamente este testimonio de los discípulos de Jesucristo y que, sobre todo mediante vuestro amor, podrá descubrir la estrella que como creyentes seguimos.

10) Leer la Biblia

El secreto para tener un «corazón que entienda» es formarse un corazón capaz de escuchar. Esto se consigue meditando sin cesar la palabra de Dios y permaneciendo enraizados en ella, mediante el esfuerzo de conocerla siempre mejor. Queridos jóvenes, os exhorto a adquirir intimidad con la Biblia, a tenerla a mano, para que sea para vosotros como una brújula que indica el camino a seguir. Leyéndola, aprenderéis a conocer a Cristo. San Jerónimo observa al respecto: «El desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo».

En resumen...

Construir la vida sobre Cristo, acogiendo con alegría la palabra y poniendo en práctica la doctrina: ¡he aquí, jóvenes del tercer milenio, cuál debe ser vuestro programa! Es urgente que surja una nueva generación de apóstoles enraizados en la palabra de Cristo, capaces de responder a los desafíos de nuestro tiempo y dispuestos a para difundir el Evangelio por todas partes. ¡Esto es lo que os pide el Señor, a esto os invita la Iglesia, esto es lo que el mundo - aun sin saberlo - espera de vosotros! Y si Jesús os llama, no tengáis miedo de responderle con generosidad, especialmente cuando os propone de seguirlo en la vida consagrada o en la vida sacerdotal. No tengáis miedo; fiaos de Él y no quedaréis decepcionados.

Amigos, custodios

Por más autosuficientes o solitarios que seamos, todos necesitamos ser cuidados. Y, si hacemos lo necesario en nuestra vida, quizás logremos cultivar vínculos con gente que son como cajas fuertes: su modo de cuidarnos es guardar con atenta vigilancia lo mejor de nosotros mismos. Sí: eso es lo que etimológicamente significa la palabra «AMIGO», animi custos = el que custodia el alma. ¿Y de qué la custodia? A veces, de los demás y de las circunstancias que puedan mancillarla o herirla fatalmente. Pero muchas veces, la protege DE NOSOTROS MISMOS: el animi custos nos cuida de nuestra propia necedad cuando insistimos en elegir lo que nos hace mal; nos cuida de nuestra soberbia, cuando el Ego nos enreda en sus trampas; nos cuida de nuestra ingenuidad, cuando las trampas nos las tienden otros; nos cuida de nuestra propia estupidez, cuando saboteamos lo que sustenta el sentido de nuestra vida. O sea, el verdadero animi custos nos ayuda a mantenernos despiertos, enfocados hacia el despliegue de nuestro propio destino.

Pero cuidado: con las barajas de la amistad no se juega al solitario; es un juego de a dos, cuya regla es la reciprocidad. No se trata de que uno cuida y el otro se deja cuidar, sino que ambos somos animi custos de lo mejor del otro. Y hay dos cualidades que propician esta reciprocidad: por un lado, nuestro custodio del alma tiene esencialmente fe en nosotros, aunque nos equivoquemos con frecuencia, o algunos nos vean como un fraude, nos descalifiquen o nos excluyan. A esa fe se le llama fidelidad: fides = fe. Otra cualidad es que ambos se eligen porque, a su vez, ambos eligen los mismos valores, las mismas Leyes de Vida. A eso alude la palabra leal = que adhiere a una misma Ley. ¿Qué es lo que sostiene este tipo especial de Amor leal y fidedigno? Lo sepan o no, quienes lo vivencian están apoyados en una reminiscencia, un lejano recuerdo de que TODOS SOMOS UNO, como lo dicen las antiguas Tradiciones de Sabiduría. «Yo soy tú, tú eres yo», proclaman los místicos. Y si es así, ¿cómo no ayudarnos recíprocamente, tenernos fe, sernos leales el uno al otro?

Hay otra versión etimológica de la palabra «amigo» que la aúna a «compañero»: en ambos casos se alude a «aquél con quien compartimos la miga del pan»; no la cáscara, sino la miga: el centro. Y es desde ese centro que nos reconocemos en el otro, prescindiendo de toda cáscara. ¡Qué descanso! Cuando en un vínculo todavía estamos demasiado preocupados por cómo seremos vistos por el otro, es porque la amistad aún no se ha consolidado. Cuando ya no quedan imágenes, sino la desnudez de toda impostura, la amistad puede comenzar a germinar. Y quizás desde esa autenticidad esencial es que han nacido los mejores cambios en el mundo.

iglesia.org

Tuesday, August 4, 2009

Cumpleaños de nuestra Madre



Cumpleaños de la Virgen, sin dudas un festejo muy especial
El 5 de agosto fue indicado por María en Medjugorje como la fecha de su nacimiento

Como Iglesia festejamos el cumpleaños de la Virgen el día 8 de setiembre. Sin embargo, en apariciones como Medjugorje o en las revelaciones vinculadas con la Rosa Mistica, Ella ha manifestado que la fecha real fue un 5 de agosto. María nos expresa así su deseo de que se festejen ambas fechas, y siendo Ella una Madre Celestial, ¿cómo podríamos no acceder a su pedido?

Lo curioso es que es la propia Madre de la Iglesia la que nos hace un regalo, festejando su cumpleaños. Ella nos trae al Niño Jesús, nos lo ofrece como signo de Maternidad Divina, porque es en El en que nos hacemos hermanos del mismos Dios, e hijos de Su mismísima Madre.
¿Y cual es el regalo que le haremos entonces?

La Virgen sigue invitándonos a seguir sus pasos, pasos de amor que nos mueven a su Hijo, Niño Dios, Hombre Dios, Amigo y Compañero, Hermano y Verbo Divino.
Jesús Señor nuestro, danos la alegría de poder hacer sonreir a Tu Madre, haznos niños pequeños que muevan sus corazones hacia Tu Sagrado Corazón, a través del Inmaculado Corazón de la Reina del Cielo y la tierra.

Hoy los invitamos a acceder a nuestra sección de oraciones a la Virgen, para que allí encontremos las palabras que la hagan feliz.

http://mariamedianera.ning.com/


La misión de la iglesia, también en vacaciones

En medio del paréntesis que marca el mes de agosto para millones de personas, encontramos en los desiertos medios de comunicación oasis informativos que nos muestran cómo la Iglesia sigue al pie del cañón, atendiendo las necesidades de aquellos que menos tienen. Como nos recuerda el Papa Benedicto XVI en la encíclica “Deus caritas est”, la Iglesia es la familia de Dios en el mundo y en esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario.

Fiel a esta vocación Cáritas Española ha aprobado esta semana un paquete de partidas económicas por valor total de 432.000 euros con destino a una docena de proyectos de desarrollo básico para comunidades especialmente vulnerables de diversos países de África, América Latina y Asia. Los proyectos permitirán llevar a cabo, entre otros, programas de acceso al agua potable, de educación para niños huérfanos y de promoción integral de la mujer o de atención a personas mayores.

El compromiso de la Iglesia con los más desfavorecidos no descansa. La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y el anuncio de la Palabra. Como lo demuestra Caritas con la dedicación generosa de quienes colaboran y trabajan en ella; una atención que sale del corazón y que hace que el otro, además de poner remedio a sus necesidades más básicas, experimente la gran riqueza de humanidad que transmiten quienes están junto a él, no por imposición ni por mero altruismo, sino como una consecuencia lógica que se desprende de su fe.

cope.es

Sunday, August 2, 2009

«Vanidad»

Alfonso Aguiló
Una rana se preguntaba cómo podría alejarse un poco del clima frío del invierno de su tierra. Unos gansos le sugirieron que emigrara con ellos hacia el sur. El principal problema era que la rana no sabía volar. «Dejadme que piense un momento —dijo la rana—, tengo un cerebro privilegiado».

Pronto tuvo una idea. Pidió a dos gansos que le ayudaran a buscar una caña lo suficientemente ligera y fuerte. Les explicó que cada uno tenía que sostener la caña por un extremo, y que ella iría en medio, fuertemente agarrada a la caña por la boca.

Cuando llegó el momento, los gansos y la rana comenzaron su travesía. Todo iba según lo previsto cuando, al poco rato, pasaron por encima de una pequeña población. Los habitantes de aquel lugar salieron para ver el inusitado espectáculo. Alguien preguntó: «¿A quién se le ocurrió tan brillante idea?». Esto hizo que la rana se sintiera muy orgullosa, y fue tal su sensación de importancia, que no pudo evitar que se le escapara la inmediata respuesta: «¡A mí!». Su orgullo fue su ruina, porque en el momento en que abrió la boca, se soltó de la caña y cayó al vacío desde una considerable altura.

Esta vieja fábula se ha venido contando durante siglos para hablar de la torpeza que suele ir unida a la vanidad. Quienes viven demasiado pendientes de dejar claro el propio mérito en todo lo que hacen, suelen entrar en una dinámica que con facilidad les trae notables perjuicios. Son personas que no descansan hasta poner su firma en todo lo que hacen, y a veces también en lo que no hacen. No paran de provocar ocasiones en las que tener la oportunidad de presumir, de asumir protagonismo, de aparecer. Se preocupan de deslizar varias veces en la conversación que han sido ellas quienes han hecho posibles tales o cuales logros. Insisten con frecuencia en que no quieren ponerse medallas, y suelen decirlo en el mismo momento en que se las ponen.

Cuando esa vanidad es más primaria, su principal inconveniente es que hacen un poco el ridículo y demuestran abiertamente que su talento es bastante menor de lo que ellos piensan. Porque las personas de talento conocen mejor sus propios límites, y saben valorar el talento de los demás, y eso les ayuda a ser menos vanidosas.

La vanidad convierte a las personas en rehenes de la imagen que quieren dar a los demás. La vanidad hace estar pendientes de lo accesorio y olvidar lo principal. La vanidad hace perder la compostura a gente supuestamente inteligente, pero que precisamente con eso manifiestan que su discernimiento y su agudeza son escasas, y que su inteligencia se reduce a unos ámbitos muy limitados.
La vanidad suele fundirse con la envidia, porque los jactanciosos, en su carrera por la vanagloria, enseguida se entristecen si ven brillar a otros. Les parece que, de alguna forma, los logros de otros restan protagonismo a su vanidad ansiosa. Tienden a pensar mal de los demás y a hablar mal de ellos. Intentan enemistar a otros con sus siempre numerosos enemigos. Quieren abrirnos los ojos para que creamos lo que solo para su ceguera victimista puede ser evidente. Reducen la grandeza del hombre a su propio tamaño, y les gustaría decapitar a la humanidad de todo lo que sobrepase su corta estatura moral.

Si pensáramos en todo esto con un poco de profundidad, seguramente comprenderíamos enseguida que es un error vivir pensando tanto en la imagen y en las apariencias, en vez de vivir pendiente de lo que realmente se es y se debe ser.

interrogantes.net

Maneras de estar solo

Nacho Uría
La mitad de nuestros males proceden de no poder estar solos. La otra mitad de no saber estarlo. Con esto no quiero decir que la soledad involuntaria sea buena. No, no. Eso es aislamiento y desgasta y mata el alma y los afectos.

Me refiero más bien al don de estar apaciblemente solo. Sin ruido. Sin prisa. A la invencible sensación de tener el tiempo en las manos y sentir como se escurre, cómo se desliza y desaparece sin dejar rastro.

En estos días nuestros, severos y atropellados, la soledad es un lujo al alcance de pocos y percibirlo es un don de menos. Todo nos empuja, sin piedad, en sentido contrario, por eso la lentitud y el sosiego cotizan a la baja en el bazar moro que se ha convertido la vida.

Para una rica soledad


Hay mil maneras de estar solo. Eso lo descubrí con Eloy Sánchez Rosillo, poeta tranquilo, y el libro del mismo título con el que ganó el Adonais hace tres décadas. La soledad es, desde entonces, algo necesario, un tiempo de espera y también de plenitud.

Estar solo para sentarse en un parque y ver la vida pasar y saludarla mientras se aleja. Estar solo para leer de nuevo aquel viejo libro que tanto dijo. O para catar un vino joven que promete y cumple. Estar solo y echar a andar sin saber adónde ir y permitir a los pies que elijan la senda correcta. Estar solo para crecer hacia dentro, para librarse de la tensión de una familia excesivamente cercana y numerosa o para alejar la neurosis de un trabajo monótono y mal pagado. Estar solo, en fin, para no hacer nada que no sea estar solo y pensar. O rezar, si es que eso ayuda. Ni más ni menos.

Antaño la soledad era algo cotidiano. Entonces la vida pasaba con otro ritmo, más humano, más exacto. Los días eran largos, como los de un niño en verano. Hogaño no. Ahora hay que correr, acelerarse, hacer más cosas. ¿Más cosas? Quizá lo único urgente sea hacerlas mejor. Con pausa, con sentido, con el oficio del que ya ha visto mucho y quiere apurar la vida que le resta. ¿Apurar? No, apurar no, degustar, sin prejuicios.

Los hijos...


Hoy falta tiempo para maravillarse con lo pequeño porque la realidad nos aturde y nos aleja de nosotros mismos. Vivimos un exilio forzado y en nuestra demencia inculcamos la prisa a nuestros hijos, que sobreviven como pueden en medio de cursillos absurdos (inglés y tenis, a ser posible al mismo tiempo), competiciones necias y modas extravagantes (como las clases de chino mandarín).

Algunos padres dicen –y otros se lo creen– que hay que prepararlos para el futuro, pero me temo que ese futuro será de psiquiatras y lexatines. El porvenir, que ya es presente, es de niños hiperactivos y desgraciados, que saben elegir un hierro o una madera de su bolsa de palos de golf, pero que el único conejo que han visto en su vida se llama Bugs Bunny.

Otro gallo nos cantaría si fuéramos capaces de no planificar nada y que esa decisión no nos provocara ansiedad. Si encontráramos el tiempo para estar con nosotros mismos, aún a riesgo de no gustarnos, solos con nuestra soledad. Si cayéramos en la cuenta de que a menos velocidad, más felicidad. Si durmiéramos las horas necesarias, si aflojáramos el ritmo, si apagáramos el móvil.

Quizá entonces la vida volvería a ser vida y no una carrera de obstáculos. Simplemente vida.

iglesia.org

Saturday, August 1, 2009

Diez sugerencias para hacer fructífera la lectura de la Biblia

Para leer la Biblia deberíamos comenzar con una oración para abrir nuestro corazón y nuestra mente a la Palabra de Dios y terminar «con una oración para que esta Palabra dé fruto en nuestra vida, ayudándonos a ser personas mas santas y más fieles».

Las sugerencias para hacer fructífera la lectura de la Biblia para los católicos fueron ofrecidas por Mary Elizabeth Sperry, directora asociada para el uso de la New American Bible en la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB).

1. Leer la Biblia sí es para los católicos. La Iglesia alienta a los católicos a que hagan la lectura de la Biblia parte de su vida diaria de oración. Al leer estas palabras inspiradas, las personas profundizan en su relación con Dios y llegan a entender su lugar en la comunidad de aquellos que Dios ha llamado para sí.

2. Orar al principio y al final. Leer la Biblia no es como leer una novela o un libro de historia. Deberíamos comenzar con una oración pidiendo al Espíritu Santo que abra nuestro corazón y nuestra mente a la Palabra de Dios. La lectura de la Sagrada Escritura debería terminar también con una oración para que esta Palabra de fruto en nuestra vida, ayudándonos a ser personas más santas y más fieles.

3. ¡Entérese de toda la historia! Al escoger una Biblia, busque una edición católica. La edición católica incluye la lista completa de los libros que la Iglesia considera sagrados, así como introducciones y notas para comprender el texto. Toda edición católica incluye una nota de imprimatur en el reverso de la página del título. El imprimatur indica que el libro está libre de errores doctrinales según la enseñanza católica.

4. La Biblia no es un libro; es una biblioteca. La Biblia es una colección de 73 libros escritos en el curso de muchos siglos. Los libros incluyen historia de los reyes, profecías, poesía, cartas que retan a nuevas comunidades de creyentes en dificultades, y relatos de la predicación y la pasión de Jesús transmitida por parte de los creyentes. El conocimiento del género literario del libro que se está leyendo le ayudará a entender las herramientas literarias que usa el autor y el significado que éste trata de transmitir.

5. Sepa qué es la Biblia -y también lo que no es. La Biblia es el relato de la relación de Dios con el pueblo que Él ha escogido para sí. No está escrita para ser leída como un libro de historia, ni de ciencia, ni como un manifiesto político. En la Biblia, Dios nos enseña aquellas verdades que necesitamos para el bien de nuestra salvación.

6. La suma es mayor que las partes. Lea la Biblia en su contexto. Lo que sucede antes y después -incluso en otros libros- nos ayuda a entender el verdadero significado del texto.

7. Lo antiguo tiene relación con lo nuevo. El Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento se iluminan el uno al otro. Aunque leamos el Antiguo Testamento a la luz de la muerte y resurrección de Cristo, éste tiene también su valor propio. Juntos, estos testamentos nos ayudan a entender el plan de Dios para la humanidad.

8. No están leyendo solos. Al leer y reflexionar sobre la Sagrada Escritura, los católicos se unen a aquellos hombres y mujeres fieles que han tomado en serio la Palabra de Dios y la han puesto en práctica en su vida. Leemos la Biblia en la tradición de la Iglesia para beneficiarnos de la santidad y sabiduría de todos los fieles.

9. ¿Qué me está diciendo Dios? La Biblia no se dirige sólo a gente que murió hace mucho tiempo en un lugar lejano. También se dirige a cada uno de nosotros en sus propias circunstancias. Cuando leemos, debemos entender lo que dice el texto y cómo han entendido los fieles su significado en el pasado. A la luz de este entendimiento, entonces nos preguntamos: ¿qué me dice Dios a mí?

10. Leer no es suficiente. Si la Sagrada Escritura se queda sólo en palabras en una página, nuestra tarea no ha terminado. Necesitamos meditar sobre el mensaje y ponerlo en práctica en nuestra vida. Sólo entonces puede la Palabra ser "viva y eficaz" (Hebreos 4:12).

zenit.org