Tuesday, March 9, 2010

Night of a 100 Stars with Sally Kellerman

Sally Kellerman

For the past twenty years Hollywood super-agent Norby Walters has produced the "Night of Hundred Stars" party at the Beverly Hills Hotel for past Oscar winners and nominees along with more than a hundred celebrities from all fields of entertainment. It's always held the night of the Academy Awards with giant monitors all over the ballroom while dinner is served and folks get to catch up with old friends and talk to the press.

Sally with Larry Hagman

This year I had the pleasure of attending the event with my friend Sally Kellerman, who is a nominee herself for her performance in the film version of "M.A.S.H." We had a great time and got to visit with many of her peers. I took a handful of photos and got to visit with some of my favorite celebrities and old clients.

Sally with Bo Derek

Some of the luminaries I met include Larry Hagman, Stephen Collins, Mary Wilson, (an original Supreme) Stefanie Powers, Francis Fisher, Sean Young, Mimi Rogers, Martin Landau, Karen Black, John Corbett, Bo Derek, Hector Elizondo, Loretta Devine, Robert Loggia, Fred Willard, Michelle Lee, Lainie Kazan, Bruce Davidson, Don Murray, Edward James Olmos, Gary Busey, Ed Begley Jr., Perry King, Buzz Aldrin and many more.


Sally with John Corbett

The event is so huge that it's impossible to see everyone or get to say hello so we did the best we could. Our table included my good buddy Soul Songstress Freda Payne and actress/Grammy winning singer Tia Carrere.

Sean Young


I had the chance to document comments from Fred Willard, Tia Carrere, John Corbett, and Bo Derek. So here are the photos and the conversations from a memorable night in glamorous Hollywood!

Fred Willard

AM: Hello Fred Willard, are you excited to be here tonight?

FW: Yes I am. I'm very excited because this is a wonderful event where you get to see people you haven't seen in a long time. I'm not rooting for any particular film.

AM: I've got to tell you that you are one of the most talented men in the industry. I love all your film work.

FW: Well thank you, that's very nice!


Martin Landau with date and Sally
Tia Carrere
AM: Hi Tia, How exciting to have you sitting at this table. I love your music.

TC: Have you heard the new jazz album? It is my favorite. I wish I would have won the Grammy for this one because it is my favorite of all my records.

AM: Are you going to be making more music?

TC: Yes I will be starting later this year probably singing in English. It's always been a passion of mine. I started out singing before I acted in movies.

AM: Do you find it a challenge to be an actress and a singer?

TC: The Grammy win helps! It gives me the stamp of being a serious artist. I just haven't figured out how to make a living as a singer. That's what makes acting so great.
I have always performed but it's been more for my heart. It's gotten tougher and tougher to make a living in the music industry.

AM: Well thank you for making the effort because I really appreciate your work.

TC: Thank you so much. That is so sweet.

Sally with Freda Payne

AM: Hi Bo, Do you enjoy coming to events like this?

BD: Yes occasionally, but not too often.

AM: You're more a nature girl aren't you?

BD: I live up north on a ranch so it is fun to come and see old friends. It's nice, I like it.

AM: You are just so beautiful in every way.

BD: You're very nice. Thank you.

Sally with Lainie Kazan
AM: Hi John Corbett, Do you have a favorite film tonight?

JC: No, I am just so happy to be here. I love coming to this event and seeing old friends.

Loretta Devine and Freda Payne
Sally with Stephen Collins

Sally and Mary Wilson

All photos by Alan Mercer

Monday, March 8, 2010

Abrir nuestro corazón al don de Dios

Pidámosle a Cristo nos conceda abrir nuestro corazón al don de Dios, y nos permita abrir el nuestro para ser don de Dios para los demás.

Nuestra vida no es simplemente una serie de circunstancias, una serie de días que van pasando uno detrás de otro, sino que todos los días de nuestra vida son un don de Dios, no sólo para nosotros, sino sobre todo un don de Dios para los demás, para aquellos que viven con nosotros. Un don de Dios que requiere, por parte nuestra, reconocerlo y hacernos conscientes de que efectivamente es un regalo de Dios. Y permitir, como consecuencia, que en nuestro corazón haya un espíritu agradecido por el hecho de ser un don de Dios.

En la historia de la Iglesia, Dios nuestro Señor ha ido dando dones constantemente, y a veces Él se prodiga de una forma particular en
algunas circunstancias, por lo demás muy normales, muy corrientes, pero
que se convierten de modo muy especial en don de Dios para sus
hermanos. Es Él quien decide dar hombres y mujeres a su Iglesia que
ayuden a los demás a caminar, que ayuden a los demás a encontrarse más
profundamente con Cristo; es Él quien decide hacer de nuestras vidas un
don para los demás.


Ciertamente que esto requiere, por parte de quien toma conciencia de ser un don de Dios para los demás, una correspondencia. No basta con
decir “yo me entrego a los demás”, “yo soy un don de Dios para los
demás”, es necesario, también, estar conscientes de lo que por nuestra
parte esto va a suponer. A veces podemos convivir con el don de Dios y
no ser conscientes de que lo tenemos a nuestro lado y no ser
conscientes de que Dios está junto a nosotros. Podemos estar
conviviendo con el don de Dios y no reconocerlo.


Algo así les había pasado a Santiago y a Juan, los hijos de Zebedeo. A pesar de llevar ya tiempo con nuestro Señor, no habían
captado el don de Dios. Tanto es así que, justamente después que Cristo
les habla de pasión, de muerte y de resurrección, acompañados de su
madre, llegan y le dicen a Jesús: “Queremos sentarnos uno a tu derecha
y otro a tu izquierda”. Cuando Jesús está hablando de renuncia, de
entrega, de sacrificio, de redención, ellos le hablan a Cristo de
dignidades, de cargos y de honores.

¡Qué misterio es el hecho de que se puede convivir con el don de Dios y, sin embargo, no reconocerlo! Nuestra vida puede ser una vida
semejante a la de los hijos de Zebedeo, que tenían el don de Dios más
grande —Cristo nuestro Señor—, y no lo habían reconocido.

El don de Dios, el Hijo de Dios caminaba con ellos, comía con ellos, dormía con ellos, les hablaba, les enseñaba, y ¡no lo habían reconocido! Es necesario tener los ojos abiertos y el corazón dispuesto a acoger el don de Dios, porque nos damos cuenta de que, no solamente Juan y Santiago no habían captado nada del don de Dios que era Cristo para sus vidas, tampoco nosotros mismos, muchas veces, lo hemos captado.

En este Evangelio encontramos una serie de características que tiene que tener nuestro corazón para ser capaz de reconocer el don de Dios: En primer lugar, estar dispuestos a servir a los demás; en segundo lugar, estar dispuestos a beber el cáliz del Señor, y en tercer lugar, estar dispuestos a ir con Cristo, como corredentores, por el bien de los demás.

Corredentor, compañero y servidor son las características del corazón que está dispuesto a reconocer el don de Dios y del corazón que está dispuesto a ser don de Dios para nuestros hermanos. A nosotros, entonces, nos correspondería preguntarnos: ¿Soy yo también corredentor?
¿Tomo yo como mía la misión de la Iglesia, la misión de Cristo, que es salvar a los hombres? ¿Soy compañero de Cristo, es decir, lo tengo frecuentemente en mi corazón, bebo su cáliz, comparto con Él todo? ¿Su vida es mi vida, sus intereses los míos, sus inquietudes las mías? ¿Soy servidor de los demás? ¿Estoy dispuesto a ser de los que sirven, de los que ayudan, de los que colaboran, de los que cooperan, de los que se entregan, de los que dan sin esperar necesariamente una recompensa?

Así como el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate de muchos, ¿tenemos nosotros la conciencia de que éste debe ser el retrato de nuestra vida: corredentores, compañeros y servidores de Cristo? Esta conciencia, que nos convierte en don de Dios para los demás, es la que nos convierte en
colaboradores, en ayuda y en camino de Dios para nuestros hermanos los hombres.

No soñemos pensando que simplemente porque los criterios del Evangelio más o menos se nos emparejen y estemos de acuerdo con ellos, ya por eso tenemos claro el don de Dios. Si no eres con Cristo corredentor, si no eres capaz de beber su cáliz y si no eres con Cristo servidor de tus hermanos, serás lo que seas, pero no me digas que has encontrado el don de Dios, porque te estás engañando.


Cuando el Señor nos llama a la fe cristiana, es para llenarnos de cosas cotidianas y normales, como es cada una de nuestras vidas. En lo cotidiano está el don, no tenemos que buscar cosas extraordinarias ni milagros ni cosas raras.


Pidámosle a Cristo que nos conceda abrir nuestro corazón al don de Dios, pero también pidámosle que nos permita abrir nuestro corazón para
que también nosotros, corredentores, compañeros y servidores, sepamos ser don de Dios para los demás.

P. Cipriano Sánchez
catholic.net

Sunday, March 7, 2010

Invitación a la penitencia

Meditación: Tener conciencia de nuestra debilidad.

Lucas 13, 1-9. Tercer Domingo de Cuaresma. Ofrezcamos a nuestro Señor, con paciencia y amor, nuestros dolores. Él los premiará.


Lucas 13, 1-9
En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas?No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo». Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?" Pero él le respondió: "Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono, por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas."»

Reflexión

¿QUÉ NOS DICE JESÚS SOBRE LOS ACCIDENTES
Y TRAGEDIAS HUMANAS?


San Lucas, el evangelista “historiador”, se mete hoy de reportero. Los hechos que nos narra el Evangelio de este domingo parecen más noticias de “crónica”, y perfectamente podrían haber sido publicadas en la primera página de todos los diarios del país. Y, si me permite el bueno de Lucas, incluso hasta adquiere un tono un poco “amarillista”. Perdón, Lucas, pero lo digo con todo respeto y sin ningún afán de ser irreverente.

Hoy se nos cuenta que algunos vecinos anónimos se presentaron a Jesús a referirle la tragedia “de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían”. Nosotros no conocemos detalles de lo sucedido ni se nos reportan datos cronológicos. Tampoco sé si el historiador judío más famoso de la época, Flavio Josefo, diga algo al respecto en sus annales. Lo cierto es que se trataba de un hecho bastante conocido por todos y que tal vez debió haber ocurrido en fechas cercanas a esa conversación con nuestro Señor.

Y bien, Jesús toma enseguida la palabra y los interpela directamente –“a quemarropa”, podríamos decir—: “Bueno, y pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás, porque acabaron así? ¡Pues no!”. Y, no contento con comentar este hecho, trae a colación otro más, también trágico, y que sus interlocutores no se habían atrevido a mencionar: “Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? ¡Pues yo os digo que no!”. Aquí nuestro Señor está abordando un tema bastante candente para su auditorio: el sufrimiento del inocente.

En todas las épocas de la historia ésta ha sido una pregunta acuciante que ha sacudido la conciencia de los hombres. Más de cinco mil años de civilización –desde que surgieron las “grandes culturas”— y dos mil años de cristianismo no han sido suficientes para hacer “desaparecer” este problema, que hunde sus raíces en lo más profundo del espíritu humano y que constituye como una parte esencial de su misterio. Los espíritus más grandes de todos los tiempos –líderes religiosos, pensadores, filósofos, genios de la ciencia, talentos artísticos y literarios— han meditado en la realidad del sufrimiento, y aún hoy continúa siendo un misterio casi impenetrable.

Nos preguntamos con frecuencia, por ejemplo, por qué tantos seres humanos inermes e indefensos tienen que ser víctimas inocentes de las guerras y de las injusticias, de la opresión, del odio y la prepotencia, a veces ciega y brutal, de otros hombres como ellos. O por qué esas catástrofes naturales –terremotos, ciclones, volcanes, sequías, inundaciones, epidemias— que, para colmo, parece como si se abatieran precisamente sobre los más pobres y desprovistos de toda protección; o las tremendas tragedias ligadas, en cierta medida, a descuidos humanos más o menos dolosos –accidentes aéreos o ferroviarios, o de civiles que participan en eventos masivos de carácter social, deportivo, político o religioso y que terminan víctimas de la violencia, del terrorismo o de revueltas populares.

También a los contemporáneos de Jesús les impactó aquella tragedia de los galileos y el accidente de la torre de Siloé. Y se preguntaban el porqué de aquella desgracia. Los mismos apóstoles, cuando vieron a aquel ciego de nacimiento, le preguntaron a nuestro Señor: “Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?” (Jn 9, 2). A simple vista, la pregunta no era demasiado inteligente –¿cómo podía pecar si todavía no había nacido?— pero refleja muy bien la mentalidad y el sentir de su tiempo: el sufrimiento era siempre la consecuencia del pecado. Y, por tanto, era considerado como un castigo de Dios que se desencadenaba sobre los malos.

Ésta era, por lo demás, la creencia tradicional varios siglos antes de Cristo. El libro de Job nos retrata perfectamente esta situación. Y Dios, por boca del autor sagrado, trata de hacer ver que no es el pecado ni la culpa personal la causa del dolor y de las desgracias del justo. Dios tiene sus caminos, muchas veces oscuros e incomprensibles, para la pobre mente humana. Y uno de estos misterios es el sufrimiento.

¿Cuántas veces no hemos pensado así también nosotros, y nos hemos sentido “castigados” por Dios o tratados injustamente por Él cuando sufrimos? Muchas veces he escuchado esta frase en labios de algunas personas en la hora de la prueba: “¿Qué le he hecho yo a Dios para que me castigue de esta manera?”.

Juan Pablo II, en su encíclica “Salvifici doloris” afronta de un modo muy profundo el misterio del sufrimiento. Y trata de ofrecer una posible respuesta, a nivel humano y teológico, a este desconcertante enigma. Pero, sin dejar de ser un misterio, éste se ilumina con la luz del Crucificado y se vence con la fuerza única del verdadero amor.

Pero sigamos adelante con el Evangelio. Nuestro Señor ha negado rotundamente la idea de que el dolor es un castigo de Dios. Y al final concluye con esta sentencia: “Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. Es una llamada directa a nuestra conciencia. Las desgracias ajenas han de ser para nosotros como una voz de alerta y una invitación a la conversión interior. Sobre todo en este período de Cuaresma, tiempo de gracia y de conversión.

Sería muy interesante, a este propósito, detenernos en la segunda parte del Evangelio de hoy, en la parábola de la higuera. Jesús cuenta esta historia para ilustrar la idea precedente. Pero se haría muy larga esta meditación. Baste, por ello, una sola palabra: Dios espera de nosotros frutos de buenas obras, de caridad y de misericordia. Si no producimos frutos de auténtica vida cristiana, seremos cortados y echados al fuego, como la higuera. Una de las finalidades más importantes del sufrimiento, en la pedagogía divina, es ayudarnos a dar frutos de santidad a los ojos de Dios. No nos rebelemos, pues, ni desfallezcamos. Ofrezcamos a nuestro Señor, con paciencia y amor, nuestros dolores. Él los premiará.

De esta manera, la higuera de nuestra vida se llenará de flores y de frutos para la vida eterna. Yo estoy plenamente convencido de ello. Así nos lo enseñó el Señor con su cruz y resurrección.

P. Sergio Cordova
catholic.net

Tener conciencia de nuestra debilidad

Tercer Domingo Cuaresma. ¿Por qué en el espíritu a veces nos sentimos tan fuertes, cuando realmente somos tan débiles?



Creo que muchas veces nuestro problema de conversión del corazón, que nos lleva a una falta de identidad, no es otro sino esa especie como de ligereza, de superficialidad con la que, al ver las situaciones que estamos viviendo, pensamos que al fin y al cabo no pasa nada. Sin embargo, puediera ser que, cuando quisiéramos arreglar las cosas, ya no haya posibilidades de hacerlo.



Cuántas veces vivimos con una superficialidad que nos impide entrar en nuestro interior y darnos cuenta de la gravedad de algunos comportamientos, de algunas actitudes que estamos tomando, o darnos cuenta de la seriedad de algunos movimientos interiores que estamos consintiendo; con lo que nosotros estamos aceptando una forma de vida que puede llegar a apartarnos realmente de Dios, que pueden llegar a endurecer nuestro corazón e impedir que el corazón se convierta y llegue a darse a Dios nuestro Señor.



Cuántas veces este problema sucede en las almas, y cómo, cuando nosotros lo captamos, podríamos decir simplemente: “total es sin importancia, no pasa nada”. Sin embargo, es como si el soldado que estuviese vigilando en su puesto de guardia oyese un ruido y dijese: “no es nada.” Pero, ¿qué pasaría si detrás de ese ruido estuviese alguien?



Ahora bien, para vigilar, no basta no ser indiferentes. Para vigilar auténticamente, es muy importante que nos demos cuenta tanto de la profundidad como de la debilidad del alma. Tenemos que darnos cuenta de que no tenemos garantizada la vida. ¿Quién de nosotros puede poner una mano en el fuego por la propia seguridad, o por la propia salvación? San Pablo dice: “Quién está de pie, tenga cuidado, no sea que caiga”.



Tenemos que ser conscientes de que solamente un alma que se sabe herida, es un alma capaz verdaderamente de vigilar, porque entonces va a tener una especie como de instinto interior que le va a ir llevando a no dejar pasar las cosas sin revisarlas antes. Es como cuando estamos enfermos y no podemos tomar algún tipo de comida, antes de comer algo nos fijamos qué ingredientes tiene esa comida, no vaya a hacer que nos haga daño. ¿Por qué en el espíritu a veces nos sentimos tan fuertes, cuando realmente somos tan débiles?



Sin embargo, esa debilidad no nos debe llevar a una actitud de temor ante la vida, a una angustia interior insoportable. Porque si nos damos cuenta de que lo único que puede sostener nuestra vida, lo único que puede hacernos profundizar realmente en nuestra existencia no es otra cosa sino el amor de Dios, el anhelo de Dios, el deseo de Dios, eso mismo nos llevaría a una auténtica conversión del corazón, a un grandísimo amor a Él.



¿Hay en mi alma ese anhelo de Dios nuestro Señor? ¿Hay en mi alma ese ardiente fuego por amar a Dios, por hacer que Dios realmente sea lo primero en mi vida? Éste es el camino de conversión, es la forma de ver el camino de la salvación. No nos quedemos simplemente en los comportamientos externos.



La Cuaresma, más que un comportamiento externo, tiene que ser un llegar al fondo de nosotros mismos; la mortificación corporal debe dar frutos espirituales.



Vamos a pedirle a Jesucristo en la Eucaristía, que así como Él se nos da en ese don, nos conceda poseer una gran profundidad en nuestra vida para poder tener conciencia de nuestra debilidad, y, sobre todo, nos conceda un gran anhelo de vivir a su lado, porque si algún día en ese camino de conversión del corazón, por ligereza o por superficialidad, caemos, si tenemos el anhelo de amar a Dios, tenemos la certeza de que tarde o temprano, de una forma u otra, acabaremos amando.



P. Cipriano Sánchez

catholic.net

Thursday, March 4, 2010

Calidad de vida

Hoy mucha gente, en muchas partes y en muchos medios, habla de calidad de vida. Pero... ¿de qué vida se trata?

La generalidad de la gente entiende sólo por vida el bienestar personal, con lo que eso conlleva de salud, dinero y satisfacciones materiales. Pocos son los que de verdad piensan que toda persona, al estar compuesta de materia y espíritu, además de sus apetencias físicas, corporales o materiales, tiene otra vida espiritual, que le diferencia esencialmente de los animales y que igualmente tiene sus exigencias.

Todos los humanos tendemos naturalmente y nos sentimos atraídos por el bien, la belleza, la verdad y el amor. Dentro y fuera de nosotros encontramos –en las demás criaturas– parte de esas cualidades que nos fascinan, pero que sólo satisfacen relativamente. La fuente de toda bondad, belleza y verdad está sólo en Dios, que es el Ser ABSOLUTO. Hacia Él, como las partículas de hierro ante el imán, nos sentimos todos los hombres atraídos irremediablemente. Con más o menos consciencia todos los humanos, a lo largo de nuestra vida experimentamos la verdad del dicho agustiniano: "Nos has hecho, Señor, para Ti y nuestro corazón anda inquieto hasta que descanse en Ti". Y es que, lo pensemos o no, venimos de Dios, somos de Dios y a Dios nos dirigimos. Como obra maestra salida de sus divinas manos, dependemos totalmente de él.

Ahora bien, por la fe en la revelación divina, sabemos que, además de todo esto, somos hijos adoptivos de Dios por la gracia recibida en nuestro bautismo. Este sacramento nos hizo hermanos de Jesús, miembros de su Iglesia y herederos del cielo. El bautismo nos ha incorporado o injertado como el sarmiento a la vid, a Jesucristo, hontanar de vida divina. Esta misma vida, que cual surtidor salta a la eternidad, es la que vino a traernos Jesús cuando dice en el evangelio: "He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia".

¡Qué pena el comprobar que sean tan pocos los humanos que son conscientes de esta realidad tan maravillosa! Nada es comparable a ella y sin embargo ni es conocida ni apreciada por la mayoría.

Abrumados y entretenidos por los afanes y preocupaciones de la vida material, se olvida, se ignora, se pospone y hasta se desprecia el cultivo de la vida sobrenatural. El pecado, que produce la muerte de la vida divina en las personas, embota de tal modo sus facultades superiores, que les rebaja, incluso, por debajo de los animales. Es el instinto quien se enseñorea del alma, apagando la luz de la razón.

Nada, por otra parte, puede suplir a la gracia divina en el hombre, para que éste se comporte correctamente en todos los aspectos de su vida. El pecado domina el espíritu y produce frutos de corrupción. El sarmiento separado de la vid no sirve para nada, sino para echarlo al fuego y que arda. Tal es el triste destino de aquel que libre, consciente y voluntariamente se aparta de Dios por el pecado.

Para que el bautizado vuelva a adquirir su condición de hijo de Dios, se precisa la conversión, es decir la vuelta a Dios. Dios siempre, de mil modos y maneras, está llamando al hombre a la conversión. Espera que éste recapacite y libremente acepte su gracia y su perdón. El cauce normal y ordinario es a través de su Iglesia, quien ejerce el poder de reconciliar a los pecadores, dado por Jesucristo, por el sacramento de la penitencia.

Si bien es cierto que todo tiempo es bueno para reconciliarse con Dios, lo es de un modo especial el tiempo fuerte de CUARESMA. "Este es el día del Señor, éste es el tiempo de la misericordia", nos recuerda a todos nuestra madre la Iglesia. Dado que todos los humanos somos pecadores –necesitados de la gracia y el perdón de Dios–, pues el único justo es Jesús, no deberíamos desaprovechar este tiempo propicio de cuaresma para reconciliarnos con Dios, con su Iglesia, con nosotros mismos y obtener así la paz de nuestra conciencia.

Merece la pena volvernos a nuestro Padre Dios, que nos está aguardando con los brazos abiertos. El nos quiere, nos comprende y nos perdona siempre. "Conoce nuestra masa y sabe que somos barro". El es un Dios compasivo y misericordioso. No nos trata como merecen nuestros pecados. Él perdona todas las culpas y nos colma de gracia y de ternura. Basta que desde el fondo de nuestro corazón digamos sinceramente arrepentidos, como el publicano de la parábola: "Acuérdate de mí, Señor, que soy un pecador", y la gracia de Dios nos justificará de inmediato, aunque nos quede luego la obligación de reconciliarnos con la Iglesia por medio del sacramento del perdón o confesion.

Autor del texto: P. Miguel Rivilla
webcatolicodejavier.org

Monday, March 1, 2010

¿Dónde están las manos de Dios?

Cuando observo el campo sin arar, cuando los aperos de labranza están olvidados, cuando la tierra esta quebrada y abandonada. Cuando miro tantos niños abandonados, tantos hermanos que lloran, tantas guerras. Cuando miro las lágrimas, la baja estima , la tristeza , los odios , el inconformismo... me pregunto: ¿Dónde están las manos de Dios?

Cuando observo la injusticia, la corrupción, el que explota al débil. Cuando veo al prepotente y pedante, enriquecerse del ignorante y del pobre, del obrero y del campesino carente de recursos para defender sus >derechos, me pregunto: ¿Dónde están las manos de Dios?

Cuando contemplo a esa anciana olvidada, cuando su mirada es nostálgica y balbucea aún palabras de amor por el hijo que la abandonó, me pregunto: ¿Dónde están las manos de Dios?

Cuando miro a ese joven, antes fuerte y decidido, ahora embrutecido por la droga y el alcohol. Cuando veo titubeante lo que antes era una inteligencia brillante y ahora con harapos, sin rumbo, sin destino; me pregunto: ¿Dónde están las manos de Dios?

Cuando esa chiquilla que debería soñar en fantasías, la veo arrastrar la existencia y en su rostro se refleja ya el hastío de vivir, y buscando sobrevivir se pinta la boca y se ciñe el vestido y sale a vender su cuerpo; me pregunto: ¿Dónde están las manos de Dios?

Cuando aquél pequeño a las tres de la madrugada me ofrece su periódico o su miserable cajita de dulces sin vender. Cuando lo veo dormir en la puerta de un zaguán o debajo de algún puente titiritando de frío, con unos cuantos periódicos que cubren su frágil cuerpecito. Cuando su mirada me reclama una caricia, cuando lo veo sin esperanza vagar con la única compañía de un perro callejero, me pregunto: ¿Dónde están las manos de Dios?

Y me enfrento a él y le pregunto: ¿Dónde están tus manos Señor?, para luchar por la justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados...

Después de un largo silencio, escuché su voz que me reclamó: ¿No te has dado cuenta que TÚ eres mis manos? ¡Atrévete a usarlas para lo que fueron hechas, para dar amor y alcanzar las estrellas!

Y entonces comprendí que las manos de Dios somos TÚ y YO. Nosotros somos los que tenemos la voluntad, el conocimiento y el coraje para luchar por un mundo más humano y más justo, aquellos cuyos ideales sean más altos que no puedan acudir a la llamada del destino, aquellos que desafiando el dolor, la crítica, la blasfemia, se reten a sí mismos para ser las manos de Dios...

Señor, ahora me doy cuenta que mis manos están sin llenar, que no han dado lo que deberían dar. Te pido perdón por el amor que me diste y que no he sabido compartir. Sé que las debo usar para amar y conquistar la grandeza de la creación. El mundo necesita esas manos llenas de ideales y estrellas, cuya obra magna sea contribuir día a día a forjar una civilización. Unas manos que busquen valores superiores, que compartan generosamente lo que Dios nos ha dado y puedan al final llegar vacías al cielo porque entregaron todo el amor para el que fueron creadas...

Y entonces Dios seguramente dirá: ESTAS, ¡SON MIS MANOS! Bendice mis manos... Señor Dios....

ungidos.com

Tour De 4Force: A Super Group

All photos: Alan Mercer Lighting: Eric Venturo

This 5 member group is comprised of SCHERRIE PAYNE, JOYCE & PAM VINCENT, THERESA DAVIS - all former members of well-known and highly successful singing groups (Supremes, Tony Orlando & Dawn and The Emotions, respectively) - and JIM GILSTRAP, who is considered to be one of the most prolific and successful session singers in the industry.

Tour De 4Force also gathered the support of many other successful and respected artists on the Quiet Moon CD - including former Temptations lead singer, ALI OLLIE WOODSON. Woodson's vocals are featured along with the groups on the Gilstrap-penned "Four Walls" and "Heaven Bound," a song originally recorded by Chaka Khan & Rufus under the direction of Quincy Jones.

Buoyed by loyal fans who have followed the careers of these talented performers through the years, TOUR De 4FORCE is already enjoying a favorable response to their formation, as evidenced by the multitude of hits to their music playlist on their Myspace page - over 100,000 in the first 3 weeks!

AM: How did this group come about and what does it mean to you?

JV: TD4F means everything to me because I am with such good friends from a long time back.

AM: Was it something you were looking to do?

JV: No, but I was happy to get involved.

AM: What would you like to see happen with this group?

JV: I would like to see us shoot for the moon and at the worst we can fall among the stars.

AM: I know this started as a solo project for you Scherrie, so what happened?

SP: Yes but I ended up with my dearest friends Joyce and Pam Vincent, who I have known since 1968 in Detroit, and my dear ‘play brother’ Jim Gilstrap, the maestro of background singers and a fabulous songwriter. I am just meeting Theresa Davis who is fantastic. I LOVE her I just LOVE her. I am so happy that this evolved the way it did. It’s because God meant it to be that way.

AM: Do you prefer this to a solo project?

SP: Oh yes, absolutely. You can do so much more.

AM: What are your plans with TD4F?

SP: We plan on releasing the album before the end of the year. Our first single is called 'Godsend.' We’re going to go as far as the road will take us.

AM: Do you think your experience as a Supreme helps?

SP: I think so, yes. We have Joyce and Pam from ‘Tony Orlando & Dawn’ and Jim Gilstrap has been in about every major album that’s been released, and Theresa comes from the ‘Emotions’ so we all came together with experience and a lot of love.

AM: How did you get involved with TD4F Jim?

JG: Marcia (our manager) and Scherrie called and asked me to sing on the album so I did that and went home and forgot about it. Then they asked me to be a part of a group. That was very exciting to me because I love Scherrie.

AM: I’m very familiar with your credits!

JG: I’ve been very blessed to work with Stevie Wonder and Quincy Jones. I also do a lot of TV commercials and movies.

AM: You are the man who never stops. You are more successful than a lot of the famous names we know.

JG: I feel really lucky because I have worked with everyone in the business; Burt Bacharach, Henry Mancicni, so many.

AM: Does it feel good to be the only guy in this group?

JG: Are you kidding? (laughter) It feels great.

AM: Do people know you sang the ‘Good Times’ theme song?

JG: I make more money now than I did when it was on the network. They play it like seven or eight times a day. I also sing the theme song from ‘Baretta’ with Sammy Davis. It’s a pleasure to sing with these ladies.

AM: Pam how did you get involved?

PV: We were called in to do some background work for Scherrie. Then the magic started to happen in the studio. We had such a fabulous sound with all of us. It kind of evolved into a ‘force.’

AM: Are you excited to be a part of it?

PV: I am ecstatic! This group just formed right before our eyes. We sound great together and we all love each other. It’s the perfect recipe. You can’t go wrong.

AM: Theresa, how did you get involved with TD4F?

TD: I received a phone call from Marcia Parks. She thought my voice would blend in with the other members.

AM: How long were you with the Emotions?

TD: I was with them for four years.

AM: Do you think it helped to have this experience?

TD: Oh sure any experience will help. I’ve done a lot of touring.

To learn more about Tour De 4Force visit their MySpace page http://www.myspace.com/tourde4forceofficial